miércoles, 29 de junio de 2016

Reflexión.

La ética, en realidad, nace de la propia interioridad del hombre y de su necesidad de ser libre, de su tener que decidir continuamente qué es lo que él va a hacer con su vida en cada momento. En las decisiones humanas no solamente se decide realizar una acción exterior a sí mismo, sino que en esa misma decisión cada quién está sobre todo dándose una manera de ser particular: está definiéndose a sí mismo como persona. Y eso en todas las decisiones que se tomen en la vida.

Si uno decide ser ingeniero, filósofo, arquitecto o biólogo, no está simplemente ejecutando una actividad externa, sino que paralelamente a eso uno se va a definir a sí mismo y esa profesión va a marcar profundamente lo que uno es como persona. Así, en cada decisión uno no va sólo haciendo cosas externas, sino definiendo lo que uno es.


La ética no es sino la dimensión del hombre por la cual éste crea posibilidades de ser y se las apropia, dándole con ellas una forma concreta a su propio ser. 
Es decir, esas decisiones tienen consecuencias directas sobre lo que el hombre mismo elige ser. Hay decisiones que van a traer consigo que el hombre sea mucho más pleno, mucho más persona, que lo van a enriquecer en su humanidad. 

Esas son las decisiones que consideramos han sido buenas decisiones en nuestra vida, porque tienen consecuencias productivas, formativas, enriquecedoras, nutritivas de nuestra propia manera de ser. 

Hay otras decisiones que, por el contrario, cuando uno las toma tienen consecuencias negativas sobre uno mismo: son las decisiones que consideramos fueron malas decisiones. Por ejemplo, haber escogido una carrera distinta a la que realmente tenía que ver con la vocación de uno.

Criterios Éticos